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Visiones esmeriladas


Con todas sus fuerzas se concentró en no dejar sus párpados caer. Llevaba días sin dormir y el cansancio quebró su ambición y no tuvo más que decidir entre sufrir o perder la oportunidad de verla otra vez.

Todo ocurrio un día, una sonrisa de elevador y darse cuenta que detrás del vidrio esmerilado del 4ºB se escondía la mujer más hermosa que jamás había visto. Nada sabía de ella, ni él ni los vecinos del viejo edificio en el que vivía.
No se sabía si vivía sóla, si estaba casada, si trabajaba o si alguien la visitaba.

Y así el tiempo pasó y los deseos se convirtieron en ganas, y las ganas en obsesión y un día desesperado por aprovechar cada movimiento de esa mujer decidió no dormir más y ver. Ver todo lo que pudiese, ver cada movimiento, ver cada segundo, sólo ver para al fín un día animarse a decirle que estaba locamente enamorado.

Todo fue demasiado extraño, si jamás le había hablado, sólo una sonrisa al pasar que despertó una locura que nadie podría entender y mucho menos la chica que se paseaba frente a él, oculta detrás de un cristal que dejaba imaginar más de lo que se podía ver.

Un día sin más, cerró las puertas, apagó los teléfonos, desconectó el televisor y su vida se redujo a un sillón, una ventana y sus dedos como roldanas sosteniendo sus párpados tanto como sus lágrimas se lo permitían.

Fueron 3 días interminables, tres días con sus noches y la vista fija en ese cristal. La vió ir y venir, la vio desnuda, vestida, la vio bailar, la vio arrodillarse, la vio sonreir.

Con todas sus fuerzas se concentró en no dejar sus párpados caer. Llevaba días sin dormir y el cansancio quebró su ambición. Entonces se levantó de ese sillón, fue hasta el baño y sin dudarlo tomo la gillete y se cortó los parpados.

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